Es una de las primeras preguntas que aparece en cualquier presupuesto: ¿lo hacemos animado o lo rodamos?
Y casi siempre se plantea mal, porque se plantea como una cuestión de gusto o de presupuesto. En realidad depende de una sola cosa: qué tienes que enseñar.
Cuándo gana la animación
Cuando lo que explicas no se puede fotografiar. Un proceso interno, un flujo de datos, cómo viaja un pedido por tu sistema, qué pasa dentro de una máquina. Si la cámara no puede entrar ahí, la animación es la única forma de enseñarlo.
Cuando el producto todavía no existe. Un desarrollo en curso, una instalación que se construirá el año que viene, un software en fase beta. Animar permite mostrar algo antes de que sea real.
Cuando no hay personas disponibles. Porque el equipo está disperso, porque no quieren salir, o porque coordinar una agenda de rodaje se convertiría en un proyecto en sí mismo.
Cuando vas a actualizarlo cada año. Cambiar una cifra o un texto en una animación es una tarde de trabajo. Volver a rodar es volver a rodar.
Y cuando lo necesitas en varios idiomas. Cambias la voz en off y los textos, y tienes cinco versiones sin repetir producción.
Cuándo gana el rodaje
Cuando lo que vendes se ve y se toca. Un material, un acabado, una textura, un plato, una instalación terminada. Ninguna ilustración transmite la calidad de algo real tan bien como la luz sobre ese algo real.
Cuando lo que vendes es confianza. Testimoniales, casos de cliente, equipo, cultura de empresa. Una cara real genera algo que un personaje ilustrado no consigue: alguien se está mojando delante de la cámara.
Cuando quieres que te reconozcan. La animación corre el riesgo de parecerse a cualquier otra animación. Tu plató, tu gente y tu forma de hablar no se parecen a los de nadie.
Cuando necesitas volumen. Y este es el punto que casi nadie tiene en cuenta.
El tercer camino, que es el que más usamos
No hace falta elegir.
Rodaje para las personas y el producto. Animación para lo que no se puede grabar: los datos, el proceso invisible, el esquema que ordena la idea.
La mayoría de las piezas que funcionan bien son híbridas, aunque no lo parezcan. Una persona explicando algo, y sobre su explicación, gráficos animados que hacen visible lo que está contando.
El error de elegir por precio
«Hacedlo animado, que es más barato.» Lo escuchamos mucho, y a veces es cierto. Pero conviene mirar el cálculo completo.
La animación se produce por segundo. Cada segundo que añades cuesta trabajo nuevo, y por eso un vídeo animado de tres minutos no cuesta lo mismo que uno de treinta segundos.
Un rodaje funciona al revés: el coste está en el día. Y de un mismo día bien planificado salen la pieza principal, los cortes para redes, los testimoniales y material de apoyo para meses. El precio por pieza publicada se desploma.
Así que la pregunta útil no es cuánto cuesta el vídeo. Es cuánto te cuesta cada pieza que vas a poder publicar con lo que has producido.
En resumen
- ¿Lo que enseñas se puede ver y tocar? Rodaje.
- ¿Lo que enseñas es un proceso, un dato o algo que aún no existe? Animación.
- ¿Necesitas confianza y que te reconozcan? Rodaje, con personas.
- ¿Necesitas actualizarlo a menudo o en varios idiomas? Animación.
- ¿Necesitas muchas piezas al mes? Rodaje, y planificado para aprovecharlo.
Y si dudas, probablemente la respuesta sea las dos cosas, en la proporción correcta.
¿No tienes claro cuál es tu caso? Cuéntanos qué necesitas explicar y te decimos qué haríamos nosotros, aunque sea lo que no cobramos más.